(No es que lleve sin leer desde la última reseña... es que no me ha apetecido hacer las reseñas de la trilogía de Millenium, ni la de Bajo la red, ni la de Un plan sencillo).

«El dinero sucio de sangre se limpia con sangre»

La cita anterior es una frase de Coltan, una de las últimas novelas del prolífico escritor Alberto Vázquez-Figueroa. Y una novela que promete, por su temática: no sólo acerca de las minas congoleñas de coltan, sino porque también en ella mezcla la guerra de Irak y su uso por parte de las grandes multinacionales para hacer negocio y dinero. Temas muy jugosos, muy polémicos y que dan mucho juego.

Lástima que, en este caso, todo quede a medias. No voy a decir que es una mala novela, pero sí que es una de las más flojas, para mi gusto, que he leído de Vázquez-Figueroa. Tal vez sea porque está pensada como primera parte de una segunda novela, Kalashnikov, pero aun así queda demasiado inconclusa. Demasiadas líneas argumentales, demasiados personajes, y demasiados sucesos para 300 páginas a tamaño de letra 12 y en formato pequeño... todo queda muy diluido. Pero vayamos con el argumento, que consta de tres líneas básicas que se subdividen, entrelazan y anudan hasta formar un todo bastante peculiar...

Los directivos de la empresa norteamericana Dall&Houston están muy preocupados. Su multinacional sabía de la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, pero apoyó la guerra para hacer negocios allí y lucrarse. Y les salió bien... salvo por un pequeño detalle que ahora les está costando muy caro. Alguien, un terrorista que se hace llamar Aarohum Al Rashid (frikipunto para quien me encuentre primero la referencia literaria), ha hecho llegar una carta a los directivos con un ultimátum: o invierten íntegramente las ganancias obtenidas con la guerra en la reconstrucción del país, mediante la edificación de hospitales, colegios y otra infraestructura básica, o poco a poco todos los directivos serán asesinados. De hecho, la misiva llega con uno de ellos ya muerto. Sin embargo, los directivos no están tan dispuestos a dar su brazo a torcer, ya que tienen en el punto de mira un negocio muy lucrativo en el que invertir todo el dinero.

Por otra parte, se cuenta la historia de la joven iraquí Salka Embarek, que perdió a toda su familia cuando una bomba cayó por error en su casa. La rabia y el deseo de venganza la condujeron a las líneas de Al Qaeda, donde fue instruida para pasar por una joven inglesa, introducirse ilegalmente en Estados Unidos e inmolarse allí con una bomba adosada al cuerpo. Sin embargo Salka vio con el tiempo cómo su ira se enfriaba y sus ideas se aclaraban, y finalmente, cuando la misión suicida fue abandonada, quedó abandonada en un país extraño para ella, con documentación falsa, y sin nadie a quien acudir. Nadie, salvo una extraña anciana de nombre Mary Lancombe a la que conoció pescando una tarde en un río, y que es mucho más de lo que parece a simple vista.

Entre medias, y como extraño nexo de unión entre los capítulos de un hilo y del otro, se nos cuenta la historia pasada de un mafioso llamado Mauro Rivero Elgosa y cómo salió de Cuba durante la revolución castrista para establecerse en Miami y montar un auténtico negocio al más puro estilo del hampa. Y cómo, cuando fue acosado finalmente por sus enemigos, pareció desvanecerse en la nada muchos años antes de los sucesos narrados en la novela.

Y con esas líneas argumentales tan extrañas acabamos llegando a las minas de coltan congoleñas y su explotación. Pero, ah sorpresa, nada de hablar (salvo de pasada) de las implicaciones de dicha explotación, de las guerras entre gobiernos y guerrillas por hacerse con tan preciado mineral, de la hipocresía de las empresas que cierran los ojos ante dichas barbaridades. Tampoco nada, salvo de pasada, de la guerra de Irak y sus consecuencias para con la población civil. Esta novela, al contrario que muchas otras de Vázquez-Figueroa en las que profundiza y se mete hasta la cocina, se queda rascando la superficie. Y con tanto personaje secundario, principal, de apoyo, líneas, tramas, etc., los personajes se quedan desdibujados y planos.

Y todo eso me ha decepcionado en un escritor que tal vez no sea un erudito brillante, pero sí un tipo que suele mimar determinados detalles, especialmente en los temas que destripa.

En definitiva, se trata de una novelita que se deja leer, pero que no aporta mucho al género. Está bien si se quiere una lectura ligera que no requiera excesiva atención, pero poco más.